lunes, 11 de mayo de 2015

¿Qué es el poder en el peronismo?

Sin lugar a duda alguna, la gesta del 17 de octubre de 1945, cambió la concepción de lo que era el poder político hasta ese entonces y, fundamentalmente, el grado y las formas de participación del pueblo en la toma de decisiones.
Hemos apuntado reiteradamente que, estas últimas, corrían por los canales  de los partidos políticos y de los sindicatos. Pero, por las razones que también ya dimos, ambas eran limitadísimas y muchas veces, especialmente en los partidos políticos, expresaban un poder meramente formal. El sistema demoliberal representativo, cree y hace creer que el poder está solo en el control del estado y que la vía son los partidos políticos. De acuerdo con esta idea, el poder es tomado cuando se accede a ese control mediante un acto eleccionario. Esa visión limitada y a veces ingenua, es la que prevalecía en la Argentina de principio de los cuarenta. El poder real estaba en otro lado, a veces coincidente con los partidos y con el acceso al estado, por caso el conservadorismo liberal, y siempre presente detrás de las estructuras de gobierno y del estado, esté quien esté en el gobierno.
   De modo tal que, la sociedad argentina se enfrentaba en la década del cuarenta con el fin de una era, porque ese esquema hacía agua por todos lados y no daba cabida a todos los integrantes de la comunidad, ni respuesta alguna a sus problemas. La patria era solo un término. En  realidad era una colonia, pero debía terminar.
Cuando nace el peronismo, una nueva concepción de lo que es el poder aparece en escena, en la conciencia del pueblo y una nueva clase dirigente deja atrás toda una época ya superada por los hechos, que sin embargo se resistirá a morir del todo por décadas, y hasta intenta resucitar en el presente.
    Básicamente importa saber, desde el punto de vista del análisis de los hechos históricos, que, estos son en el peronismo, una acumulación de poder y no el mero hecho de obtener una posición en el estado, mediante, por ejemplo, una victoria electoral y creer que se “tomó el poder”, solo por controlar un parte del espacio donde se toman algunas decisiones.
  De hecho, la concepción de la Comunidad Organizada, donde cada persona y cada organización pueden optar por distintas formas de participación en la planificación de las políticas y en la ejecución de las  acciones mismas, importa un cambio revolucionario, que implica entre otras cosas, que cada individuo, cada organización política, sindical, económica, cultural y que cada institución libre del pueblo que se alinee, suma poder para el conjunto.
    Los hechos mismos que protagonicen en el terreno de las decisiones, acrecientan el poder del conjunto y se lo otorga a cada uno de ellos.
    Un claro ejemplo de esto, es la visión que ofrecen cuatro hechos consecutivos. Las acciones de Perón y sus colaboradores desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, legislando, decretando, ampliando y haciendo cumplir normas de trabajo, fue un hecho de poder, desde un espacio preciso y determinado.
La gesta del 17 de octubre  de 1945, donde el pueblo trabajador argentino le impone su voluntad a la oligarquía, reponiendo a su líder en el lugar en el que estaba y manteniendo todas las conquistas conseguidas, es un hecho de poder que se suma al control de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
    La llegada al acto electoral del 24 de febrero de 1946, es una imposición de Perón y del pueblo a la oligarquía. La limpieza con que se realizó es otra condición que debió cumplirse. El triunfo en las elecciones consolida todas las posiciones anteriores y suma poder. La asunción de Perón a la presidencia es la resultante de todo lo anterior y permite controlar y rediseñar el estado. Nuevamente aparece el concepto de sumatoria y todo lo que habrá de realizarse desde 1946 en adelante, se hará con “el concurso del pueblo organizado”, única fuente de poder.
    El poder entonces se acumula, no solo se conquista o se toma, y para la concepción peronista, la posibilidad de ejercitar el poder debe llegar hasta el último de los individuos. Por lo tanto debe repartirse, de lo contrario, sino es para todos, no es poder en la concepción peronista. Para la partidocracia demoliberal representativa, el poder es solo para los dirigentes “representantes” del pueblo: “un pequeño grupo de individuos, los representantes, toman decisiones y administran el poder que una gran cantidad de individuos, los representados, les ha delegado”. (1)
En el marxismo también está la concepción de la “vanguardia esclarecida”, depositaria y dueña del poder de decisión, minoritaria al extremo y a su modo “representante” de la clase trabajadora. Poca diferencia entre liberales y marxistas. Esta es la enorme y gigantesca diferencia con el peronismo naciente.
El objetivo en el peronismo, es una democracia social, orgánica y directa, pero semejante objetivo no se alcanza ni con un golpe de estado, ni con una victoria electoral, ni con ningún triunfo parcial. Es un largo encadenamiento de hechos en esa dirección. La historia que sigue es la historia de ese proceso, el de una revolución sustentada en la construcción y edificación de un gran cuerpo social donde todos tengan poder.
   “El Movimiento Justicialista es el único que se planteó gestar instituciones sociales como basamento de la sociedad argentina.
    Ello fue posible gracias a una acción doble aparentemente contradictoria. Una vertiente consistió en obtener el mejor funcionamiento de las instituciones estatales vigentes. Su objetivo, agotarlas, demostrando las limitaciones de su alcance y los problemas que no resolvían, a la par de facilitar en tiempo y espacio el otro curso de acción. Este último se orientó a la construcción de un sistema de poder alternativo cuya principal expresión se alcanza en la organización gremial. (Claramente ampliado y extendido por la creación de la orgánica movimientista desde el primer momento a partir de 1946 y por el llamamiento del general Perón a las instituciones libres del pueblo en su mensaje del 1º de mayo de 1954)Su objetivo: “…la construcción de una democracia orgánica, social y directa. Esta será posible si al mismo tiempo organiza  como áreas autónomas y a la vez relacionadas, tanto el interés como la opinión de las personas.” (2)


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