miércoles, 29 de abril de 2015



China. –YaleGlobal

China: El Lado Oscuro del Crecimiento

El enfoque de China en el crecimiento rápido trae costos sociales, ambientales y en materia de salud
Yanzhong Huang
YaleGlobal, 6 June 2013
http://yaleglobal.yale.edu/sites/default/files/images/2013/06/china-pollution1.jpg
The dark side of growth: Forty percent of China’s rivers are polluted (top); China, dubbed the world’s factory is badly regulated
NUEVA YORK: De haber sido uno de los países más pobres del mundo a estar sólo detrás de los Estados Unidos, China está destinada a ocupar un lugar destacado en los libros de historia. Pero la historia también mostrará el alto precio que los chinos están pagando por la prosperidad de su país, así como el que seguirán pagando en los próximos años.
El constante crecimiento de China frente al lento avance de la economía mundial les ha dado a los líderes chinos lo que denominan una “confianza firme” en su modelo de desarrollo. A pesar de que su capitalismo fuertemente autoritario ha convencido a algunos académicos norteamericanos de que el modelo chino es una alternativa viable para las democracias al estilo occidental, existen autores que opinan lo contrario. Según el experto en Asia Joshua Kurlantzik, el sistema chino es “el desafío más claro al capitalismo democrático desde el surgimiento del comunismo y el fascismo en la década de 1920 y 1930”.
Incluso con la imagen presentada de China como un país con una fuerza abrumadora, el gigante asiático ha sufrido múltiples crisis en la última década. El gran tamaño de su economía y población ha multiplicado exponencialmente los desafíos en materia ambiental, social y de salud.
El gran tamaño de la economía y la población china ha multiplicado exponencialmente los desafíos en materia ambiental, social y de salud.
Un claro ejemplo es la contaminación del aire. En el norte de China, la presencia de partículas de menos de 2.5 micrones o PM2.5 (el tipo de esmog más dañino) ha alcanzado un nivel 40 veces mayor que el nivel máximo permitido por la Organización Mundial de la Salud. Dicha situación aporta graves consecuencias en materia de salud: en 2010, un estudio llevado a cabo por la OMS y un grupo de universidades reveló que la contaminación del aire en exteriores contribuyó a 1.2 millones de muertes prematuras en China, las cuales representan el 40 por ciento del total global. Según un reporte reciente del Deutsche Bank, la calidad del aire en China empeorará en un 70 por ciento para 2025 debido al aumento en el uso de carbón, así como de las emisiones industriales y vehiculares. Combinadas, éstas emisiones contribuyen al 85 por ciento de la contaminación PM2.5 en China en 2013.
La contaminación del agua es otro precio que China ha tenido que pagar en su rápido ascenso económico. Debido a la industrialización acelerada, así como a la falta de regulaciones adecuadas sobre el manejo de desechos químicos, más del 70 por ciento de los lagos y ríos de China están contaminados. Además, cerca del 40 por ciento están clasificados como “gravemente contaminados”. Aproximadamente un cuarto de la población china vive sin acceso a fuentes de agua potable. La OMS estima que cerca de 100,000 personas mueren anualmente debido a enfermedades relacionadas con la contaminación del agua en China.
El crecimiento acelerado tiene un precio. Junto con la prosperidad económica reciente, viene una desigualdad social creciente.
En marzo del presente año se encontraron casi 20,000 cerdos muertos en el río Huangpu, exacerbando las preocupaciones acerca de la seguridad de la comida en China. Un estudio publicado por investigadores chinos en 2011 reveló que más de 94 millones de personas en China se enferman anualmente debido a bacterias encontradas en la comida, de las cuales alrededor de 8,500 mueren. Estas cifras probablemente subestiman la magnitud de la crisis de seguridad alimentaria en China, ya que las estadísticas de enfermedades causadas por comida contaminada usualmente son excluidas de los reportes oficiales. Según un estudio llevado a cabo por la Universidad Agrícola de Nanjing en 2011, el 10 por ciento del arroz vendido en China contenía grandes cantidades de cadmio. Algunos investigadores estiman que hasta un 70 por ciento de las tierras de cultivo chinas está contaminada con químicos tóxicos. La amplia producción de químicos tóxicos provenientes de la producción industrial y agrícola ha contribuido a la contaminación del agua, el aire y las tierras de cultivo. Asimismo, el gran consumo de estos químicos ha provocado el surgimiento de cerca de 400 “villas de cáncer” donde la incidencia de cáncer es inusualmente alta. Comparado con cifras de hace 30 años, China ha visto un crecimiento del 80 por ciento en la incidencia de cáncer dentro de sus fronteras.
El crecimiento acelerado tiene un precio.
La prosperidad económica de las últimas décadas también se ha visto asociada con un crecimiento de la desigualdad social. Según un reporte de la Universidad de Finanzas y Economía del Suroeste de China, localizada en Chengdu, el coeficiente de Gini (medido en una escala del 0 al 1, donde las cifras más altas representan mayor desigualdad) llegó a 0.61 en 2010. Aunque es común que una economía en desarrollo acelerado experimente un aumento en desigualdad social, el nivel de desigualdad en China es tan alto que puede ser comparable con el de Filipinas y Rusia. Este nivel de desigualdad contrasta de forma negativa con, por ejemplo, Japón, Estados Unidos y varios países en la recientemente liberalizada Europa del Este. Según un estudio llevado a cabo por Wang Xiaolu, economista del Instituto Nacional de Investigación Económica de Beijing, ciertos analistas han estimado que el 10 por ciento más rico de China gana 65 veces más que el 10 por ciento más pobre. La alta desigualdad económica ha aumentado el riesgo de que China se quede en la “trampa del ingreso mediano”, es decir, quedarse atrapada en un nivel de desarrollo inferior al de las economías más avanzadas. Si el gobierno continúa ignorando la actual crisis social, podría incluso enfrentar a una creciente clase desfavorecida en contra de una minoría privilegiada.
Problemas sociopolíticos amenazan logros de China y u liderazgo global.
Las actuales crisis sociopolíticas en China se han visto exacerbadas por una fuerte y continua corrupción. La transición hacía una economía de mercado ha creado nuevas oportunidades, pero también ha aumentado la incidencia de prácticas corruptas. Hace más de 10 años, dos académicos chinos estimaron que alrededor del 80 por ciento de los burócratas del gobierno chino eran corruptos y la situación no ha mejorado. Un estimado conservador del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, que probablemente se queda debajo de la cantidad real, comparó el costo de la corrupción en China con un 3 por ciento del PIB anual o alrededor de USD $200,000 millones. De forma similar a un sistema Gresham, el cual premia el mal desempeño y lo hace más abundante que el buen desempeño, la corrupción en China ha llegado a un nivel tal, que prácticamente toca a todos los sectores y miembros de la sociedad. Según una encuesta nacional llevada a cabo en octubre de 2011, alrededor del 82 por ciento de los encuestados estuvieron de acuerdo en que China ha experimentado una decadencia moral significativa en la última década. Ésta además reveló que más de la mitad de los encuestados opinan que seguir estándares éticos no era una condición necesaria para el éxito.
En un discurso pronunciado en Moscú el pasado marzo, hablando de los modelos de desarrollo llevados a cabo por diversas naciones, el presidente Xi Jinping señaló que “sólo el que usa los zapatos sabe si le quedan”. Debido a que el costo social del desarrollo es cada vez más insoportable, incluso los que se han beneficiado del crecimiento económico acelerado han comenzado a opinar que el sistema existente ya no es el ideal para China. Cuando Beijing se vio cubierta por un espeso esmog tóxico en enero de 2013, una actriz china escribió: “El flujo de migrantes y todo tipo de tentaciones en el exterior no fueron suficiente para ahuyentarme de esta hermosa ciudad. Sin embargo, hoy no dejo de pensar: ¿en dónde podría ir a pasar mis próximos años?”.
El llamado del régimen oficial a tener más confianza en el sistema no ha sido acatado por los nuevos ricos de China, quienes votan con sus pasaportes al decidir emigrar. Según un reporte del Banco de China, 14 por ciento de la población con un patrimonio mayor a CNY ¥60 millones, lo que equivale a USD $10 millones, ya emigró y un 46 por ciento adicional consideraría hacerlo. La falta de confianza en el sistema también es visible en la cantidad de dinero que sale de China. A pesar de las restricciones gubernamentales sobre el movimiento de capitales, alrededor de USD $3.72 billones salieron del país en la última década.
Es claro que hay problemas sociopolíticos profundos amenazando los grandes logros de China. Hasta que este país no pueda solucionar los inmensos y probablemente irreversibles costos del desarrollo, le será imposible tomar un papel de liderazgo en el sistema internacional. Es difícil imaginar que el país pueda recuperar su grandeza si los chinos no tienen aire limpio para respirar, agua segura para beber, ni tierra sin contaminantes en donde cultivar su comida. Por lo tanto, es imprescindible que China vuelva a examinar su modelo de desarrollo y convierta en prioridad los retos sociopolíticos nacionales.  Desafortunadamente, la historia del ascenso de China es tan deslumbrante, que su lado oscuro puede pasar desapercibido.

Yanzhong Huang es un senior fellow para Salud Global en el Council on Foreign Relations de Washington, DC y profesor asociado en la Escuela John C. Whitehead de Diplomacia y Relaciones Internacionales. Es editor de Global Health Governance y autor de Governing Health in Contemporary China. 
Translated from English by Francisco García González and Joskua Tadeo.



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